Casi siempre escucho esta pregunta en forma de lamento…
¿Por qué a mí? ¿Por qué este sufrimiento? Y es que le tenemos tanto miedo al dolor! Qué difícil es soportarlo! y se hace más difícil aún, cuando queremos encontrar la respuesta ante este interrogante… ¿Por qué a mí? Esta pregunta se transforma en obsesión, y muchas veces nos quita la paz y, si no nos sobreponemos a tiempo, nos amargará para siempre.

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