Todas las parejas pasan a lo largo de su relación por crisis que les pueden hacer dudar sobre la conveniencia de seguir adelante o no.
De hecho, muchas parejas rompen en estas crisis olvidando que tal vez exista una posibilidad de perdonar y aceptar y se encuentran años después sin haber superado esa ruptura y sintiéndose culpables por no haber luchado, por haber tirado la toalla a la primera de cambio.
Preguntas que debes plantearte
No cabe duda que muchas veces el daño psicológico que infringimos a nuestras parejas hará que la relación se rompa sin marcha atrás, pero no siempre será así. No nos dejemos llevar por un impulso inmediato y valoremos la situación de manera coherente y racional. Cuando nos planteamos estas dudas, deberemos echar un vistazo a nuestra situación actual en varios aspectos:
Lo que un padre SI debe hacer
1. Concentrarse en lo positivo. Sea consistente en notar y apreciar el comportamiento positivo de su hijo. Trate de recompensar a su hijo cuando actúa en una manera positiva.
2. Los jóvenes aprenden con el ejemplo. Sea un modelo de comportamiento que le gustaría ver en su hijo. Si quiere que sean honestos y abiertos usted también tiene que ser así.
Con frecuencia las personas que se enfrentan a la decisión de casarse o no con alguien por quien se sienten atraídos, dicen que deben esperar en Dios para tomar una decisión definitiva. En principio eso está muy bien, pero ¿qué quiere decir «esperar en Dios»? ¿Que Dios mande a un ángel para que nos hable de su parte? ¿O recibir una profecía de alguien lleno del espíritu?
Recuerde que usted se casó con su esposo/a por decisión propia, y no de forma accidenta. Algo hubo entre ustedes, y ese algo de volver a salir a la superficie.
Tenga en cuenta su propia responsabilidad en la crisis de pareja.
Los lazos maritales nos enseñan cosas muy importantes sobre nosotros mismos, cosas que tal vez no podríamos aprender si estaríamos solos o sin alguien a quien amar y cuidar.
Había sido un día muy largo, el sol ya se iba ocultando detrás de la montaña que estaba frente a nosotros. Por la mañana habíamos salido para visitar las casas ubicadas en Zoyates y platicar con Porfirio, uno de los tantos curanderos o hechiceros de esa región en las montañas del sur de Durango.
Román y yo disfrutábamos de un momento de descanso después de haber caminado varias horas cuesta arriba en nuestro regreso a la Ciénega de las Esperanzas, donde nos hospedábamos.
Juan se casó muy enamorado de Mirta, ambos rondaban los 20 años, y después de 15 años con tres hijos preciosos una niña de 13 y dos chicos de 11 y 10 lucían como la familia perfecta. Él trabajaba muy duro y procuraba por lo menos compartir el desayuno y la cena con su familia, los domingos iban todos a la iglesia.
Cada vez que Juan llegaba a la casa, Mirta lo ponía al tanto de lo acontecido durante el día con los chicos, y por supuesto que no faltaban los problemas y las necesidades que exigían aportar dinero, cuando no eran unos libro nuevos, se trataba de zapatos, o una colecta escolar etc..
Hoy en día vivimos en mundo el cual refleja una vida llena de situaciones en las cuales se demuestra la infidelidad. Y Cuando hablamos de infidelidad no solo nos referimos a las Matrimoniales, sino también a las de Noviazgos, la infidelidad de nuestros amigos o familiares, y la peor de todas, la infidelidad hacia Dios.
Pareciera que hoy por hoy el ser infiel esta a la orden del día, sin darnos cuenta que esta, esta causando grandes daños a las familias, a los jóvenes, y a las personas que tienen un deseo ardiente de buscar a Dios.
Muchos hombres maduros (mayores de 35) han expresado lo siguiente: “si cuando tuve 18 años hubiese tenido la experiencia que tengo ahora, no hubiera habido chica alguna capaz de resistirse”.
Esta expresión me hizo reflexionar en algo que cada vez es más frecuente en nuestros días y me refiero al hecho de que muchas mujeres jóvenes se están enamorando de hombres mucho mayores que ellas, cuyas diferencias son de 10, 15 o hasta más años.