Habla en el lenguaje de tu cónyuge

Publicado por mary Fecha February - 27 - 2008

39_09.jpg¿Son los varones y las mujeres seres de diferentes planetas?

Los hombres tienden a usar el lenguaje para transmitir información, comunicar hechos, solucionar problemas, definir jerarquías y establecer el control.

Es más probable que las mujeres consideren el lenguaje como un medio para profundizar la intimidad, construir relaciones más fuertes y más ricas, y promover la cooperación en lugar de la competencia. Dicho de otra manera, hablamos de debatir versus relacionarse.

Proponte la meta de no modificar el estilo de comunicación de tu cónyuge sino de adaptarte a él.

Si sientes que tu matrimonio está en un pozo cada vez más profundo, haz algo al respecto. Establezcan un momento cada se­mana para intentar juntos un ejercicio de comunicación. Por ejemplo, la esposa habla durante diez minutos acerca de sus sentimientos o de los temas que la preocupan; el esposo sólo escucha. Reacciona solamente para decir: “No entiendo; ¿podrías decirlo de otra manera?” O “Lo que entiendo que dices es…”

Después él habla durante diez minutos y ella escucha. Ella sólo pide aclaraciones o la confirmación de que está entendiendo correctamente.

Cuando termina el ejercicio, ninguno de los dos está autorizado a “corregir al otro”, reaccionar con ira frente a algo que no deseaba escuchar o discutir sobre un tema.

No se trata de una situación sin esperanza. En realidad, comparada con muchos conflictos matrimoniales, es posible mejorar de manera notable y rápidamente.

Entretenimientos fáciles para el verano

Cuando mis hijos eran pequeños, yo tenía que armar el programa de verano con actividades que no resultaran costosas. Nos pusimos la meta de visitar cada plaza de la ciudad (25 en total) antes de que terminara el verano. Marcamos las plazas en un mapa.

Cada mañana íbamos a un parque diferente para jugar allí, y al atardecer volvíamos a las que más nos gustaban, acompañados por mi esposo. El cambio de paisaje fue bien recibido no sólo por los niños, que eran menores de tres años, sino por mí.

Hacia el final del verano, mis hijos y yo ya habíamos visitado todas las plazas marcadas en el mapa, excepto una. Para festejar, visitamos en familia el último de los parques e hicimos un picnic vespertino. Hasta el día de hoy, casi una década más tarde, mis hijos recuerdan con cariño ese verano.


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